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Sobre el comercio electrónico

March 21, 2013

I. Introducción
En los inicios de un nuevo milenio, una revolución tecnológica cuya
gestación comenzó en el último cuarto del recientemente finado siglo XX y
que tiene su fundamento en las tecnologías de la información, está haciendo
cambiar de manera inexorable la sociedad de todo el planeta. Estos cambios
tecnológicos están afectando a todos los órdenes sociales, ya sea a las
Marco legal del comercio electrónico
Autor: Feliciano Casanova Guasch
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nuevas y vastas posibilidades que tiene el ser humano de comunicarse y
conseguir satisfacer una de las mayores necesidades innatas que siempre
ha tenido, el diálogo como expresión de la capacidad intelectiva de la raza
humana, pero, asimismo, las nuevas tecnologías de la información y
comunicación (en adelante, TIC) posibilitan que las personas puedan
desarrollar su capacidad creativa, su imaginación, que los pueblos, culturas
y razas se acerquen y conozcan mejor; o se creen nuevos mercados de
bienes y servicios. En definitiva, el nuevo contexto descrito trae como
consecuencia un cambio en nuestras vidas en sentido positivo, de mejora
de la calidad de vida gracias a la constante innovación tecnológica (coches
más seguros y menos contaminantes, avances en la prevención y curación
de enfermedades, etc.), pero también, como consustancial al bien, tiene
que aparecer la cara amarga de todo este proceso que podemos identificar
con violaciones a la intimidad de las personas debido a un mal uso o uso
ilegal de la informática respecto de los datos más arcanos de nuestras
vidas, violaciones también respecto a la propiedad intelectual e industrial,
agudización de la crisis en la identidad del individuo que le lleva, sentado
desde su casa a través del ordenador, a entrar en grupos racistas y
xenófobos, en lo que podíamos definir como una nueva dimensión del
delito, y, de manera más preocupante, un mayor acrecentamiento en la
división entre ricos y pobres (lo que se conoce con el nombre de “división
digital”), de cuyas consecuencias trágicas venimos siendo testigos en los
tristes sucesos que sacuden al mundo.
Como bien expone el profesor Castells1, cuando la comunicación se rompe,
cuando deja de existir, ni siquiera en forma de comunicación conflictiva
(como sería el caso en las luchas sociales o la oposición política), los grupos
sociales y los individuos se alinean unos frente a otros y ven al otro como
un extraño, como una amenaza. En este proceso, la fragmentación social se
extiende, ya que las identidades se vuelven más específicas y aumenta la
dificultad de compartirlas. La sociedad informacional, en su manifestación
global es también el mundo de Aum Shinrikyo, de la American Militia, de las
ambiciones teocráticas islámicas/cristianas y del genocidio recíproco de
hutus/tutsis.
Esta sumarísima reflexión sociológica nos da la excusa para hacer también
una breve reflexión acerca de los cambios que están aconteciendo en lo que
ha venido a denominarse Nueva Economía, término con el que se pretende
explicar los efectos que las TIC están teniendo sobre el marco económico
mundial. Sin duda, la facilidad de interconexión de personas, empresas y la
propia Administración hace que sea real la posibilidad de llevar a cabo
transacciones y negocios de todo tipo, todos los días del año, las
veinticuatro horas del día, de tal manera que un término tan poco
académico pero, sin duda, novedoso y, por qué no, caprichoso, ha ido
incubándose en la jerga económica para acuñar estos hechos. Nos referimos
1 Manuel Castells. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I. La
sociedad red. Pág. 29 y ss. Alianza Editorial.
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al “efecto Martini” que, como bien recordarán los lectores, se trata de una
conocida marca de bebidas cuyo spot inducía a su consumo “donde estés y
a la hora que estés”, y cuyo eslogan ahora puede utilizarse para explicar el
nuevo modelo económico basado en el conocimiento. No hay duda de que
en este nuevo modelo económico, el cerebro, en lugar de la fuerza física,
creará cada vez mayor valor agregado económico. Don Tapscott2 nos da
una perfecta visión de la importancia que ha adquirido este nuevo activo (el
conocimiento) en la nueva economía. Si en la era agrícola lo que importaba
eran el arado y la mula, o en la época industrial, los elementos más
importantes eran el acero, los motores, el combustible y los caminos, en la
era de la inteligencia en red, el silicio, los microprocesadores y los caminos
de fibra de vidrio, tan delgados como un cabello humano, posibilitan que los
seres humanos se desplacen por el pasillo y a través del planeta para
aplicar su know-how a cualquier aspecto de la vida productiva y económica.
Esta es una era de interconexión en red, no sólo de la tecnología, sino de
los seres humanos, las organizaciones y las sociedades.
Pues bien, dentro de ese nuevo marco económico que presentan las TIC,
también se impone una nueva forma de comerciar que, como podemos
imaginar, tiene su estructura y funcionamiento en esas nuevas tecnologías,
y que ha venido a bautizarse, con mayor o menor acierto, como comercio
electrónico. La historia económica, paralelamente a la historia de la
humanidad, ha estado en constante desarrollo, progreso y evolución, por lo
que no debe sorprender que ahora los agentes económicos lleven a cabo
transacciones utilizando nuevos canales de comunicación y aparezcan
nuevos intermediaros, que se produzca una transformación de los productos
para dar como resultado una nueva concepción de los mismos, tanto en su
formato como en su suministro, y que se realice el pago de los bienes y
servicios producidos empleando nuevos instrumentos de valor como el
dinero electrónico (e-cash). En definitiva, no estamos ante otra cosa que la
plasmación en el terreno comercial de lo que ocurre a nuestro alrededor.
Como cualquier cambio, ello trae consigo que las estructuras creadas se
tambaleen, bien porque necesitan de una adaptación a los nuevos tiempos,
bien porque el cambio puede llegar a ser tan radical que suponga su
extinción. A este nivel queríamos llegar, pues la irrupción del comercio
electrónico implica no solo cambios en el terreno de la gestión empresarial,
en nuevas técnicas de venta de bienes y servicios, en una nueva dimensión
de la promoción y publicidad comercial, sino que también afecta, entre otras
cosas y espacios, al ámbito del derecho tributario. Muchas y variadas son
las cuestiones que merecen la pena ser estudiadas respecto a la fiscalidad
del comercio electrónico. Nos encontramos, pues, ante cuestiones que no
son necesariamente nuevas, pero que la aparición del comercio electrónico
ha acentuado, si cabe, aún más. Tanto la imposición directa como la
indirecta se ven afectadas por el comercio electrónico, de manera que tanto
los contribuyentes como la Administración se encuentran con dificultades en
2 Don Tapscott. La economía digital. Pág. 7. McGrawHill.
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la aplicación de la normativa existente, debido a esa facilidad de
intercomunicación y constante cambio que ofrecen las TIC.
Nada volverá a ser igual en la fiscalidad de este nuevo siglo respecto a la
edificada en el último tercio del siglo anterior. Si los Estados basaron sus
sistemas tributarios en un entorno físico y territorial claramente definido,
las fronteras fiscales han quedado superadas y los Estados contemplan con
cierto temor cómo parte de los ingresos públicos pueden fácilmente viajar a
través de las redes de telecomunicaciones para situarse, de manera
caprichosa, en otros territorios dependiendo de cuál vaya a ser su
tratamiento impositivo. Por consiguiente, las políticas fiscales que se
establezcan en un sentido u otro afectarán de lleno al desarrollo del
comercio electrónico, pero sobre todo a la propia concepción del Estado que
hasta ahora hemos concebido.
Los impuestos constituyen el precio de la sociedad civilizada, afirmó Oliver
Wendell Holmes3, queriendo decir que muchas de las funciones del Estado
son esenciales y, por tanto, también lo son los impuestos, que son el
recurso financiero más importante para atender a los gastos públicos. Pero
los impuestos crean distorsiones y afectan a los patrones de producción.
Consecuentemente, la actuación de los poderes públicos en el ámbito del
comercio electrónico va a tener un efecto directo en el desarrollo y
expansión de esta nueva forma de comerciar.
Este trabajo va a tener como objeto analizar el impacto que el comercio
electrónico está teniendo sobre la fiscalidad directa e indirecta, si bien,
debido a la extensa categoría de impuestos actualmente existente, se
centrará en los problemas que el comercio electrónico presenta en la
fiscalidad de los impuestos que gravan la renta de las personas físicas y
jurídicas, así como respecto al impuesto que presenta el mayor peso
recaudatorio en la modalidad de impuestos indirectos, concretamente el
Impuesto sobre el Valor Añadido. Es cierto que el comercio electrónico
afecta a todos los ámbitos de la imposición, pero por lo vasto que podría
llegar a ser el estudio global del tema y la necesidad de su acotamiento,
debemos anticipar que el estudio va a examinar exclusivamente las
materias citadas que, por otro lado, son los que presentan el mayor peso en
la recaudación en las Haciendas de todos los países.

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